lunes, 8 de enero de 2018

Fin de capítulo 1: Cenizas

Gunagh observaba desde la lejanía de su fortaleza los últimos vestigios de la batalla. Columnas de humo emergían de algunas de las fortificaciones de la Guardia de la Muerte, pero la ciudad aún seguía bajo control. El asalto combinado de los traidores y fieles al falso emperador fue un fracaso, algo que enardeció a las tropas de la Guardia, pero Gunagh sabía que la fácil victoria no se debía a una excelsa planificación, sino a que las tropas imperiales estaban divididas, un detalle que el Señor pútrido tendría en consideración. Desde lo alto de la fortaleza que había establecido en Kremer recibía informes cada vez más satisfactorios, pero el más importante fue la eliminación por completo de las fuerzas de la Legión Negra, que en un vil intento de venganza intentaron fútilmente la eliminación del propio Gunagh, pero Abaddon ya no sería un obstáculo para los intereses de la Guardia de la Muerte. 
Pero Gunagh no estaba satisfecho, los miembros de la legión de los Ángeles Oscuros se adentraron demasiado en Kremer, directamente hacia el lugar de investigación de los hechiceros que buscaban indicios del artefacto. No podía ser casualidad, qué intereses tenían los pupilos de Lion, esta pregunta rondaba la mente del pútrido señor, pero su curiosidad fue saciada al comprobar que un grupo de sus hombres escoltaba hacia la fortaleza a varios soldados enfundados en arcaicas armaduras negras pero con una heráldica muy reconocible... eran los que se hacían llamar así mismo Caídos, y traían respuestas necesarias para la misión de Gunagh.

Valenus se sentía contrariado. Su fracaso en Kremer fue catastrófico, recuperar el planeta cada vez se convertía en una tarea titánica. Su orgullo se quebraba y era sustituido por irá ante tal resultado, pero dentro de sí, por fin, había demostrado que los Ángeles Oscuros eran herejes, quizás demostrar ante los señores de terra que toda la legión estaba corrupta dependía de más pruebas, pero por lo menos la Guardia del Silencio sería el primer capítulo en caer. Su traición al desentenderse del asedio a Kremer causó la derrota y lo pagarían caro. En las estación, su base de operaciones, ya tiene trascritos los informes para declarar Herejes al capítulo, pero el destino tiene reservado una sorpresa bastante desagradable. Los tentáculos de disformidad que asedian al planeta se cierran y forman una cúpula inaccesible tanto para enviar o recibir mensajes, como para que lleguen refuerzos o salgan. Valenus está encerrado y su odio se extiende por cada partícula de su ser. Desolado busca una solución para resolver tanto el conflicto como la destrucción de la Guardia del Silencio, y en ese instante los comunicadores se activan y de sus altavoces se escucha una frase que provoca una sonrisa tenebrosa en Valenus; "Aquí el Capitán Belasko, de la tercera compañía de los Ángeles Sangrientos, respondiendo a la petición de refuerzos".

Boagrios pasaba revisión a sus tropas después del extenuante combate en Kremer. La brecha se cerró, pero provocó un efecto no esperado por el Gran Maestre. La disformidad encerró al planeta en una prisión corrupta por los poderes ruinosos. Ecos disformes restallaban por todo el planeta y los demonios surgían desde cualquier punto. Boagrios desconocía el futuro de sus hombres y de Rigant; pero por el Emperador y por Terra, él y cada Caballero Gris que allí se encontraba darían todo, hasta el último aliento, por exterminar cada demonio, cada pozo de corrupción y cada enemigo que se les pusiera por delante.  

Arakiel sabía de su fracaso. No tuvieron ninguna opción de eliminar a los caídos en Kremer, y ahora ayudaban a los seguidores de Nurgle. Las fuerzas imperiales les retiraron su apoyo y Valenus los quería muertos. Pero la disformidad se cerró sobre los cielos y podía significar una oportunidad para enmendar errores. Nadie podía salir de Rigant, nadie podía desentrañar los secretos de la Legión, los Caídos serían castigados y el honor del capítulo restablecido.

Las armaduras llenas de pústulas y corrupción chirriaban provocando ecos en los túneles bajo la ciudad de Kremer. Los Caídos indicaron a Gunagh donde encontrar pistas sobre el artefacto que buscaban. Los Marines corruptos, elegidos por el Señor pútrido, se adentraban cada vez más en las profundidades y la oscuridad se cernía sobre ellos como un enemigo sediento. Al fin lograron llegar a una enorme cámara donde supuestamente se encontraba el artefacto. Avanzaron lentamente buscando indicios, pero para su sorpresa la patrulla fue emboscada por un enemigo inesperado que abrió fuego sobre ellos. Los marines de la Guardia de la Muerte resistían parapetándose en los muros que encontraban y fue entonces cuando su sargento fue consciente que la cámara donde se encontraban no era de origen humano... eran Eldars. 




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